Cuántos siglos necesita la razón para llegar a la justicia que el corazón comprende instantáneamente.
Frases célebres sobre: cuán. [Página 15]
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Solamente admitiendo la noche físicamente, se le ha llegado a aceptar moralmente. ¡Oh, noches de Young! ¡Cuántas jaquecas me habéis causado!
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¡Ay, cuántas grandes cosas se derrumban por motivos insignificantes!
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Difícil es decir cuánto concilia los ánimos humanos la cortesía y la afabilidad al hablar.
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¿Hasta cuándo, Catilina, vas a abusar de nuestra paciencia?
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¿Cuánto tiene que ser explorado y descartado antes de llegar a la carne desnuda de sentimientos?
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Algunos equipos tienen la vida más fácil. Parece que escogen cuándo quieren jugar
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Tengo pocos amigos, ¡pero cuánta amistad tengo!
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La juventud es feliz porque es ciega: esta ceguedad es su grandeza: esta inexperiencia es su sublime confianza. ¡Cuán hermosa generación la de los jóvenes activos!
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¿Cuánto tiempo aún podrá contemplar ese rostro invulnerable que siempre le inspiró seguridad? La vida les ha distanciado, llevándoles a mundos diferentes y, sin embargo, ¡Cómo echará de menos la sombra protectora del viejo roble!
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A la mañana siguiente Andrea acaba transigiendo, después de consultar su maldito libro de criar niños, donde dice a qué hora exacta deben despertarse y cuándo han de tener hambre ¡Como si eso no lo supieran de siempre las madres que no saben leer!
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No soy un gran fanático de la puntuación de otras personas. Cuando leo un guión, tengo una especie de borrador automático. No veo la puntuación, las mayúsculas o las instrucciones. Quiero decidir cuando termina la frase. ¿Quién es para decir cuándo termin
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En un restaurante, una hermosísima señora se acercó a mí y me susurró: ¿Chavela, cuándo nos acostamos? ¡Qué atrevida! Me encanta
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¡Cuántos son los que con voces llenan los cielos y tierra y sin cesar de sus labios se desprenden duras quejas! ¡Cuán dichoso yo sería, van diciendo, si pudiera hacer esto o bien aquello! -¡Hazlo! La suerte contesta, y en vez de crecer su dicha, crecen a
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¡Cuánta bondad hay en el hombre exclamó para sí, cuando la suscita el sufrimiento de sus semejantes!
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¡Ay! Cuán falsa es la religión que hace del agravar el sufrimiento de otros nuestro mediador con ese Dios que quiere que se salven todos los hombres.
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Verás cuánta tontería, cuánta bajeza, cuánta maldad se esconde a veces bajo la máscara del buen sentido.
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La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestran cuánto se aburren.
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La idea es algo tan divino, que tiene derecho a recibir, incluso a exigir sacrificios voluntarios. Pero cuántas veces en el curso de la historia ha sido rebajada a la categoría de ídolo ante cuyo altar se sacrificaban niños inocentes.
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¡Hay que ver! ¡Cuántos amores espléndidos he soñado!